Partes de la nariz

Las diferentes partes de la nariz


Aunque veamos la nariz como un todo, la realidad es que es un órgano compuesto por diferentes partes, las cuales llevan a cabo funciones distintas. Como toda maquinaria compleja, sus engranajes encajan de forma perfecta unos con otros, y todos realizan un trabajo concreto (independientemente del tipo de nariz que tengas) que permiten llevar a cabo aquellas tareas para las que fue construida: respirar y oler. Entonces, ¿quieres saber cuáles son las partes de la nariz y cómo funcionan? Te lo contamos.

las partes de nuestra nariz

Características y partes de la nariz

La nariz se localiza en la región facial inmediatamente superior al área de la boca y por debajo de los ojos. Su estructura comprende un armazón óseo y otro cartilaginoso.

El primero está compuesto por los huesos frontal, nasal y maxilar superior, mientras que el segundo se divide en: cartílagos halares, que son los que forman las paredes laterales de la nariz; y el cartílago septal, que, situado en la parte central, divide la nariz en dos partes.

Sus medidas habituales se sitúan entre 5 y 7 cm de largo y 1-2cm de ancho, aunque existen notables diferencias entre razas e individuos. Su inclinación suele rondar los 45 grados.

A partir de aquí, podemos diferenciar entre lo que se denomina nariz externa -todas las partes que están expuestas al exterior- y nariz interna.

Nariz externa

Por tratarse de la parte visible, algunas de sus partes reciben denominaciones comunes, aunque dichas denominaciones no correspondan exactamente con el verdadero nombre que poseen. Así, por ejemplo, es de uso común la expresión “punta de la nariz”, para hacer mención a la parte que recibe el nombre de “ápice”.

Veamos cuáles son esas partes de la nariz externa:

  • Raíz: se llama así al área comprendida entre las cejas
  • Puente y dorso: zona que parte de la raíz y culmina en el ápice
  • Ápice: zona puntiaguda en la que finaliza
  • Aberturas nasales: orificios por los que entra y sale el aire
  • Alas: zonas laterales que flanquean las aberturas nasales

Todas estas partes de la nariz externa son las que externamente podemos ver, y consisten en un recubrimiento de piel y músculo que se sitúa por encima de la estructura ósea y cartilaginosa anteriormente mencionada.

Se trata de una zona altamente vascularizada y relativamente frágil ante los traumatismos.

Nariz interna

Las partes internas de la nariz no son visibles desde el exterior y sólo pueden visualizarse mediante la realización de resonancias magnéticas, TACS o radiografías.

Las fosas nasales están formadas por cuatro paredes y cuatro orificios, los dos anteriores, llamados narinas y los dos posteriores, llamados coanas.

  • Las narinas son la vía de entrada o salida de aire, y por tanto, comunican con el exterior.
  • Las Coanas se sitúan al final y comunican con la rinofaringe.

La cavidad nasal está limitada en su parte superior (lo que se conoce como techo), por el etimoides y el esfenoides, dos huesos del cráneo. Por debajo de ella se encuentra el paladar.

Detrás de las narinas aparece lo que se conoce como vestíbulo nasal, un espacio recubierto de piel que contiene glándulas sebáceas y sudoríparas, así como un buen número de pelos entre los que se encuentran las vibrisas.

La función de estas es actuar como filtro, de manera que las partículas gruesas que contiene el aire, como fibras o polvo, queden retenidas y no pasen al interior del sistema respiratorio.

La nariz interna está dividida en dos partes por la existencia del tabique nasal, que da como resultado la existencia de dos fosas nasales diferenciadas: derecha e izquierda. Las paredes de cada una de ellas están formadas por estructuras óseas llamados cornetes, los cuales pueden dividirse en cornete superior, inferior y medio, y que están recubiertos de mucosa.

Estas mucosas son de dos tipos, atendiendo a distintos objetivos:

  • Por un lado, se encuentra la mucosa olfatoria, que contiene los sensores capaces de clasificar los distintos olores.
  • Y por otro la mucosa respiratoria. La función de esta mucosa es garantizar la calidad del aire, y por lo tanto, se encarga de humedecerlo, filtrarlo y calentarlo de manera que acceda al interior del organismo en óptimas condiciones.

La función de los cornetes es, por tanto, muy importante, ya que, gracias a ellos, sólo unas pocas partículas de muy reducido tamaño pueden acceder al interior. De no existir esta barrera de entrada, estaríamos expuestos a que a través de la nariz pudiesen introducirse en el cuerpo partículas que nos resultasen dañinas.

Además, para reforzar este “mecanismo de bloqueo”, las mucosas nasales contienen infinidad de terminaciones nerviosas, de manera que, al entrar en contacto con polvo, polen u otro tipo de partículas que puedan resultar irritantes, son capaces de activar de manera automática una respuesta defensiva mediante la creación de una potente corriente de aire que los expulsa, y que comúnmente conocemos como estornudo.

Funcionalidades de la nariz

Hemos visto que la nariz cumple funciones tan importantes como las de tomar el aire para llevarlo posteriormente a los pulmones y extraer el oxígeno necesario para la vida. O retener y expulsar aquellos objetos extraños que pueden introducirse accidentalmente en la cavidad nasal como resultado de este proceso.

Pero además de estas funcionalidades, existen otras asociadas al sentido del olfato. Y es que el olfato es un sentido que nos proporciona valiosísima información, y que, aunque no siempre tengamos conciencia de ello, nos puede proteger de muchos peligros.

Así, el olor a humo nos avisa de la presencia de fuego, o los olores fuertes y agresivos nos ponen en alerta ante la posible presencia de gases tóxicos. La nariz también interviene en este proceso y lo hace a través del epitelio olfativo, un grupo de células nerviosas que contienen unos pequeños pelos llamados cilios.

Al aspirar el aire, las partículas de olor llegan a estos cilios, los cuales están equipados con pequeñísimos receptores de diferentes tipos. Estos receptores (existen hasta veinte clases distintas) detectan los olores y los clasifican, enviando esta información mediante estímulos nerviosos al nervio olfativo y al bulbo olfativo posteriormente.

Es en estos centros, conectados con el cerebro, donde dicha información se recibe y se interpreta en base a las experiencias, recuerdos y memorias que existan relativos a cada uno de ellos. Explicado de un modo simple: es como si el cerebro introdujese el nombre en una base de datos de un ordenador, y en la pantalla apareciese todo lo que se sabe al respecto de él.

En algunos casos, esta información puede consistir en experiencias agradables y en otros en señales de alarma que nos hacen reaccionar. Pero todo ello sucede gracias a que esos cilios fueron capaces de atrapar en la nariz las partículas de olor y darles un nombre.

Entonces, ¿te das cuenta del complejo sistema que llevan a cabo las partes de la nariz?